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Escribir para Sanar

Muchas veces nos encontramos atrapados entre emociones que no sabemos bien como manejar.

Acudimos a la búsqueda de diversas terapias, a veces a consultas de psicólogos o psiquiatras y no logramos encontrar ese punto de engranaje donde todo empieza a solucionarse.

He estado ahí y se lo que se siente. He buscado incesantemente las respuestas en mil lugares, y no, no las he hallado.


Sin embargo, aunque suene cliché y repetido, las respuestas siempre se encuentran dentro nuestro. Eso lo has escuchado de seguro.

El punto es que no sabemos cómo buscar, porque son tantas las creencias que cargamos sobre los hombros que nos limitan a reconocerlas.

Por ejemplo, has tenido un mal día en tu trabajo y sientes que nada podría ir peor con tu jefe o un compañero. Sientes que lo odias y le deseas todo el mal posible. Pero no puedes decirlo, porque eso es ir contra la sociedad y sus buenas "costumbres y valores". Entonces ¿Qué haces?, te guardas toda esa impotencia, la acumulas dentro de ti y vuelves a sonreir como si nada hubiera pasado. Pero sabes que no es así, te has comenzado a sentir nerviosa, inquieta. Piensas que si sigues aguantando esa situación te enfermarás o peor aún, terminarás explotando y perderás tu trabajo, situación que crees que no te puedes permitir.


Esta situación no es un ejemplo arbitrario, lo he visto muchas veces en amigas, conocidas e incluso lo he vivido yo misma. Y ¿sabes qué?, ojala me hubiera dado cuenta antes de una manera muy simple de transformar las emociones que yo sentía.


Verás, cuando estamos enojados podemos decir un sinfín de cosas, nuestro cerebro piensa a mil por hora y nuestras palabras casi alcanzan esa velocidad, entonces parecemos una ametralladora disparando insultos o emociones de baja frecuencia.

Cuando escribimos, nuestro cerebro se ve obligado a ir filtrando lo que diremos, no tenemos la capacidad de escribir a la velocidad de nuestros pensamientos, entonces, la mente comienza a calmarse, va eligiendo una a una las palabras que usará para describir como te sientes y como puedes ir canalizando esas emociones.


De tanto escribir, tu mente empieza a entrar en calma y dependiendo de la energía que estés usando para hacerlo, tu mano comienza a cansarse. De este modo, te das cuenta que la rabia descontrolada que sentías ya no es tal.

Por otro lado, la escritura con fines terapéuticos, nos ayuda a sacar fuera todo lo que nos hace mal o nos limitamos decir. Un ejemplo, si yo digo que tengo tanta ira que "mataría a alguien", entendiendo que no es en sentido literal, no nos permitimos decirlo a viva voz por las "apariencias" que muchas veces debemos guardar. ¿Pero si lo escribimos?, es algo que sale y queda en el papel. Logra transformarse y ya no me afecta más.


Una recomendación para practicar la escritura terapéutica es que no leas lo que escribiste. Porque al leerlo, tu mente entra en el juicio. Lo mismo que antes te mencionaba... comienzas a juzgar tus pensamientos y tus emociones y las limitas.


La escritura terapéutica es solo eso, escribir con la intención de sacar fuera las emociones que te están dañando dentro. No debes preocuparte por que sea coherente, ni en orden, ni menos bonita. Es vaciar tu mente y sentirte más liviana.


Con cariño



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